Los Duendes me asaltan amparados en la penumbra, roban mis sueños y me desvelan. Se rien de mi debilidad y juguetean sobre mi almohada mientras trato inutilmente de alejarlos. Se ríen de mi debilidad y juguetean sobre mi almohada mientras trato inutilmente de alejarlos; son la sombra de la que huyo sin fortuna y me atormentan cuando trato de evadirlos.
Cada noche la misma batalla sin tregua; afilan sus diminutas lanzas de plata contra el pedernal de la conciencia, dispuestos a dstrozar mis escudos de humo en la siguiente contienda. ´Genios malévolos de la ironía, me despiertan arañándome la espalda, sabiendo que quizás jamás los encarcele.
Ruines y cobardes aparecen tras la embriaguez nocturna del cansancio, hambrientos del valor que no poseen, tratando de acabar con la esperanza, con mi última esperanza, de volver a ver la aurora.
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1 comentario:
uy! cuantas charlas de duendes, como olvidarlo. nunca se van.abrazo
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